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lunes, 2 de febrero de 2015

Y así seguimos.





América Latina es una giganta herida que sobrevive tumbada en el espacio que la tierra le dio.
Tiene congelados sus pies y la razón . Por eso no anda. Por eso creen que no siente. 
Alguien llegó y raspó su piel. Desmineralizada, ahora, palidece.
Su sangre está contaminada, cuando no; contenida.
De vez en cuando ve sus cicatrices y convulsiona al sentir de una revolución.


"El continente está lleno de violencia enterrada"


En cuanto se comienza el relato de la historia de América Latina desde el punto de vista del "dominado", del "subyugado", del "despojado", de, en pocas palabras, la víctima; se hace pensar que de lo que se habla es de una novela o un cuento, misma que no ha terminado, o mínimo no sabemos de algún final que se torne feliz.

“Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo  parece una aventura de la imaginación […] Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de  su propia imagen.”
Gabriel García Márquez, Discurso aceptación del Nobel 1982.



Vale la pena aventurarse entre las paginas de Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Así como tomarse unos minutos para escuchar el discurso de García Márquez, para ponerse de frente con la víctima y reconocer hechos de la historia que han sido negados. 

Sensibilizar, no creo que nos venga a mal. América Latina tiene sentires que le fueron enterrados hasta lo más profundo de sus entrañas y que de cualquier modo le es urgente reconocerlos.